domingo, 8 de mayo de 2016

TEMPLAR EL ALMA





**Templar el Alma**

Por: Francisco Urrea Pérez

Amonestado por los designios del destino que a menudo nos conducen por senderos inciertos, me pregunto: ¿Qué importancia tiene este desvío si lo que realmente importa es el estado de nuestro ser interno? En el laberinto de la vida, donde el alma transita entre luces y sombras, la inquietud persiste cuando el espíritu no se siente en armonía con sus acciones. Este desasosiego, este tumulto que anida en lo más profundo de nuestro ser, nos sugiere que ha llegado el momento de templar el alma.

Es un acto de profunda sabiduría, el reconocimiento de que un alma madura es capaz de relativizar el concepto del perdón. En esta danza cósmica de relaciones humanas, el perdón se convierte en un tejido delicado, cuyas hebras pueden desgarrarse con la más ligera brisa de la presión emocional. En ciertos contextos, el acto mismo de perdonar a quien ha infligido daño puede convertirse en una burla insidiosa, tanto para el que lo solicita como para el que lo otorga. Para el ofensor, podría ser la trivialización de su acción; para la víctima, una ignominia que socava su dignidad.

Ahora bien, es fundamental entender que solo la propia víctima tiene la potestad de ejercer el derecho al perdón, siempre y cuando haya sanado las heridas que el sufrimiento ha dejado en su piel. Para templar el alma, ella debe primero encontrar paz en sí misma; solo así podrá reflexionar sobre la posibilidad de liberar el peso del agravio. El perdón, en este contexto, no es una concesión ligera, sino una decisión ponderada que emerge de las profundidades del corazón, una luz que surge después de atravesar las oscuras aguas del dolor.

Un alma que se ha encontrado a sí misma, que ha recorrido el arduo camino hacia la sanación, sabe que su poder reside en la capacidad de protegerse. Puede optar por evitar hasta donde le sea posible las acciones del perpetrador, preservando así su integridad y su esencia vital. En este consagrado ejercicio de defensa personal, la dignidad florece en cada paso, mientras la memoria de lo vivido se convierte en un faro que guía su camino. La vida cuidada y protegida se transforma en un arte, en el que la elegancia de la distancia se mezcla con la fortaleza interior.

No se trata, sin embargo, de sucumbir al oscuro deseo de venganza; el verdadero camino hacia la paz es aquel que se aparta de las llamas del resentimiento. Templando el alma, uno elige mantener su esencia intacta, usando su derecho al perdón como un escudo, no como un arma. Es un acto de valentía, un regalo que se entrega no al otro, sino a sí mismo. De esta forma, aunque el viaje esté repleto de desafíos, cada paso hacia la autonomía del alma se transforma en un himno de libertad, un testimonio de resiliencia.

Así, la senda del perdón se presenta no como una obligación, sino como una elección consciente que resuena en la profundidad de nuestro ser. Un alma templada es aquella que ha aprendido a navegar las corrientes turbulentas de la vida con gracia, sin olvidar que su esencia está hecha de ligereza y fortaleza. Templar el alma es, en última instancia, un viaje hacia la autenticidad, hacia la reconciliación con uno mismo y con el universo que nos rodea. Es un acto de amor que, al final del día, ilumina el camino hacia la paz interior.


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jueves, 3 de marzo de 2016

LA MUERTE

LA MUERTE



*Por Francisco Urrea Pérez*

 

La muerte, esa enigmática frontera que nos aguarda al final del sendero, ¿será acaso el último de los pasos, o simplemente el umbral hacia un misterio aún más profundo?

 

No puedo hablar de mi propia muerte, pues en este instante, el susurro de la vida todavía resuena en mis venas. Y cuando llegue el momento en que la vida se apague en mí, las palabras se desvanecerán como el eco de un canto lejano. Seré un susurro en el viento, un destello en la memoria de aquellos que me conocieron.

Surge entonces una interrogante que pesa en el alma: ¿hay algún beneficio o diferencia entre el ser que, consciente de su mortalidad, vive en la sombra de la inminente partida y aquel que, en su ignorancia o despreocupación, habita la vida como si la muerte no existiera? ¿Es más sabio el primero, por su conocimiento, o es más libre el segundo, por su aparente desprecio?

Ante la inevitable llegada de la muerte, ¿Cómo se puede evadir su abrazo gélido? El tiempo se desliza como un río incierto, llevándonos a todos en su corriente, recordándonos que somos criaturas mortales, sin importar cuán añosos o jóvenes seamos. Por lo tanto, todo lo que hagamos debe ser gestado bajo esta luz reveladora; viviremos y moriremos, y en ese interludio de existencia, debemos danzar con la certeza de lo efímero, abrazando cada instante como un regalo sagrado.

Si la muerte es una realidad irrefutable, entonces, ¿no debería ser nuestra senda marcada por una previsión de sus consecuencias? Actuar en consecuencia parece ser un imperativo existencial, pero sin permitir que la angustia nos consuma. La vida debe ser vivida con fervor y pasión; nuestras acciones deben ser guiadas por un deseo de hacer bien, de encontrar la belleza en la cotidianidad, mientras mantenemos nuestras vidas en un orden que respete tanto la vida como la inevitable llegada de la muerte.

Me pregunto: ¿realmente me importa mi propia muerte? ¿Debo compadecerme de mí mismo ante el destino que me aguarda? La respuesta se encuentra en la recóndita belleza de mi presente; si permito que la preocupación por el fin empañe la luz de mi existencia actual, me estaría infligiendo un sufrimiento colosal e innecesario, una carga que solo entorpecería el vuelo de mi espíritu.

Así, me inclino ante la fragilidad de la vida, reconociendo en cada sonrisa, cada lágrima, y cada latido un reflejo de lo divino. En lugar de temer a la muerte, elijo honrar la vida en toda su complejidad y maravilla; en este viaje compartido hacia lo desconocido, donde cada paso cuenta, donde cada encuentro es un hilo en el tapiz de la existencia. Que mi vida sea un canto a la creación, y que, en mi despedida, encuentre la paz que solo el abrazo de lo eterno puede ofrecer.

















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martes, 16 de febrero de 2016

EL MIEDO

*El Miedo**

Por: Francisco Urrea Pérez

En un rincón del vasto universo de mis pensamientos, una vez se susurró la pregunta: ¿A qué le temes? La interrogante flotó en el aire como una mariposa inquieta, y tras un profundo y prolongado examen de conciencia, respondí que mi miedo se anidaba en esos abismos de la existencia que escapan a nuestro control, en esas sombras que se ciernen sobre lo incierto; es aquel miedo que señala el pulso de lo desconocido y transforma la acción en amenaza, el hecho en ansiedad. Es la bruma que cubre los caminos y oculta las certezas tras un velo de indecisiones.

Y así, con el paso del tiempo, he recorrido distancias insospechadas desde aquella reflexión inicial, adentrándome en el laberinto de mi vida diaria, explorando los matices de mi quehacer y la vastedad de mi entorno. En este viaje, he descubierto que la lista de mis temores, lejos de ser una simple enumeración, se extiende como un océano sin fin, donde cada ola representa una inquietud, una angustia latente.

En esta danza con el miedo, me he visto obligado a interrogarme sobre las raíces de esos sentimientos, cuestionando la esencia misma de su presencia: ¿por qué tantos miedos me acechan? ¿De dónde brotan estas espinas que se clavan en mi ser, impidiéndome avanzar con ligereza?

He sumergido mis pensamientos en la sabiduría de aquellos que han reflexionado antes sobre este fenómeno humano; desde los filósofos que han disectado la condición humana, hasta las religiones que nos enseñan a lidiar con lo inexplicable. He explorado las enseñanzas del arte de la guerra, los ecos de la familia, las normativas de la escuela, la estructura del Estado y mucho más. Con toda esta información, he decidido, sin desestimar la posibilidad de buscar ayuda profesional si el peso se tornara insoportable, que escucharé la voz de mi sentido común en cada encuentro con el monstruo llamado MIEDO. No cabe duda de que cada uno de nosotros es el legítimo propietario de sus propios fantasmas.

Recuerdo el alivio que me provocó una frase escuchada en un momento casual: “Si sientes miedo, hazte acompañar por un perro”. La risa burbujeante que emergió de mi ser fue un destello de ironía y verdad. Quizás, si no puedo enfrentar mis ansiedades por mí mismo, ese “perro” simbólico pueda representarse en algo tangible, un recurso que me ayude a dar la batalla frente a los espectros que me amenazan.

Es curioso, en ocasiones me doy cuenta de que, sin proponérmelo, también puedo infundir miedo en otros, ya sean personas o criaturas. Aquí la sonrisa vuelve a asomarse, y me pregunto qué “perro” llevan consigo aquellos que temen a mi propio reflejo. Esa reflexión me lleva a reconocer que, en realidad, todos los seres vivos experimentamos el eco del miedo, esa noción intrínseca y natural que nos acompaña a lo largo de nuestra travesía. Sin embargo, el arte de provocar miedo requiere una base sólida, un conocimiento de estrategias, de lo contrario, podríamos encontrarnos, irónicamente, enfrentados a nuestros propios generadores de temor.

Entonces, hallo una chispa de esperanza en el reconocimiento de que el miedo puede ser domado. Puedo, de alguna manera, enredar al MIEDO en mis redes de coraje y astucia. Puedo “chicanearlo”, como dicen en algunas tierras, transformando ese pánico que me inunda en un impulso vigoroso que me empuje hacia adelante, enfrentando al agresor o al depredador que amenaza mi ser, siempre manteniendo mi dignidad intacta. Todo ello es cuestión de reacciones ante lo que nos hiere, y en este duelo con lo que perturba, permito que sea el momento el que dicte el juicio.

Así, lo que parece tan sencillo, incluso trivial, se convierte en una tarea monumental. El miedo está ahí, acechándome. La clave radica en actuar, en confrontar lo que me intimida, tomar la iniciativa de enfrentar aquello que me causa desasosiego; y si la necesidad se hace imperiosa, buscaré la compañía de mi "perro" —esa ayuda simbólica— para navegar con valentía las aguas turbias de mis ansiedades.

Por lo tanto, esos innumerables miedos que resuenan en mi interior no necesitan ser catalogados ni siquiera elaborados en interminables manuales de autoayuda. Cada uno de ellos será atendido a su debido tiempo, en las circunstancias apropiadas, cuando la vida me presente, nuevamente, el desafío.

Y así, enfrentaré mis miedos, con una mezcla de curiosidad y determinación, en el arduo camino del ser humano que busca la luz en medio de las sombras.

jueves, 4 de febrero de 2016

SER ESNICIO

SER ESNICIO



ESNIC FOUAR
Titular de los Derechos de Autor.




En el vasto y profundo océano de la existencia, la esencia misma del ser humano se manifiesta en un acto sublime: la lealtad a uno mismo. Hacer honor a esta verdad íntima significa vivir en una danza constante con la autenticidad, donde cada paso resuena en el eco de nuestra conciencia y se despliega en armonía con el universo. Es en esta travesía cuando alcanzamos la plenitud del ser, una aceptación incondicional de nuestra esencia, un abrazo tierno y sincero hacia nuestro propio espíritu. Y así, es entonces, cuando cada uno de nosotros comienza a actuar bajo principios que iluminan el sendero de la vida.

- **Vivir bajo el imperio de la Ley**, esa ley que trasciende normas y reglas, que se convierte en guía espiritual y moral, susurrando en nuestro interior la importancia de la rectitud y la justicia.

- **Ayudar a otros** con la generosidad de un corazón abierto, pero sin asumir las cargas ajenas que pueden desbordar nuestro ser y perturbar nuestra paz interior.

- **Actuar y vivir bien** al cultivar la honestidad, abrazar la responsabilidad y tejer el compromiso, siempre bajo los parámetros de la moderación y la conveniencia, como un jardín floreciente que respeta sus límites mientras crece hacia el cielo.

- **La independencia económica** se erige como nuestra fiel compañera de viaje, mientras que las deudas personales, como sombras amenazantes, se convierten en enemigos letales que nos anclan al pasado y limitan nuestras alas.

Así, la consagración, la dedicación absoluta a la inmersión en el yo, se presenta como el único deber que nos impone la vida; todo lo demás, en cambio, son meras circunstancias, ebriedades del destino que no deben desviar nuestro rumbo.

Ser ESNICIO implica una existencia en la presencia de SÍ mismo, un profundo conectarse con nuestra esencia interna. Esto nos invita a centrarnos en el núcleo de nuestro ser y a reclamarnos a nosotros mismos con la certeza de que, aunque la vida exterior pueda ser tumultuosa e impredecible, la propiedad de nuestro autocontrol y autogobierno puede brindarnos el placer de vivir plenamente, degustando cada instante de nuestra existencia. Nos abrimos, a su vez, hacia los otros, entrelazándonos con el tejido social que nos rodea, donde cada hilo representa un vínculo nacido de la conexión humana.

Para emprender esta sagrada travesía, se requiere un soporte económico que nos brinde confianza y seguridad, un bastión que nos permita navegar con libertad por la tormentosa mar del mundo exterior. Sin embargo, recordemos que esta independencia es circunstancial, porque el ESNICIO debe salir cada día para cumplir su misión específica, tanto personal como social, enfrentando retos y demandas que la vida le presenta.

En este escenario, su desempeño se entrelaza con la humanidad, y en el campo de la realidad, vive con la observancia de la Ley, honrando sus responsabilidades, como un ciudadano consciente que contribuye al bienestar de todos. Nunca es un solitario; su hermetismo es una elección reflexiva, un manto que envuelve su ser y protege su esencia, sin generar sombras de desconfianza o suspicacia en quienes lo rodean.

Está tejido en el entramado de la familia, la sociedad y el Estado, como un hilo vital que sostiene la estructura del mundo. Actúa con perseverancia y bondad dentro de estos espacios, consciente de su finitud y la naturaleza efímera de la vida. Cada paso que da es un tributo a la existencia, cada acción es su contento, y el desarrollo de su ser es una fortaleza, la manifestación tangible de su espíritu. Así, su vida se convierte en un legado, todo lo que sus congéneres reciben y atesoran, materializado en la obra que deja tras de sí.

Nadie podría extorsionarlo por secretos ocultos; vive en la transparencia y la claridad, ajustándose a su peculio y eludiendo el consumismo innecesario. Está a la vista de todos, pero no se entrega a la vorágine del mundo; lleva una vida sencilla, una disciplina interior que, como un faro, guía sus pasos.

En su práctica, tanto en el pensar como en el actuar, adopta el método más simple, aquel que le asegura el logro de sus metas. Comprende que ha sido plantado en esta tierra por un propósito divino, dotado para enfrentar los desafíos que la vida le presenta. Así, al actuar por sí y para sí, despliega los talentos que posee y cultiva aquellos que aún no ha adquirido, con el fin de realizar su obra y vivir dignamente.

DIOS, en su infinita sabiduría, se halla presente en el corazón del ESNICIO. Y este, a su vez, ensalza tal presencia, asumiendo con valentía su paso en este mundo fugaz. Atiende, con juicio y compasión, sus propias obligaciones y las de su familia, de la sociedad, del Estado y de la humanidad. Jamás atribuye a DIOS las bendiciones ni las desgracias; sabe que el mundo se despliega ante él en toda su complejidad, con leyes naturales y humanas que rigen su andar. Mientras, abraza el libre albedrío, consciente de que la administración de su vida depende de él y de su cuidado por cada vínculo que establece.

Así, al final del sendero, el ESNICIO no solo habita su propia existencia, sino que se convierte en un faro de luz, un testimonio viviente de la profunda interconexión entre ser y espíritu. En su andar, deja huellas imborrables en el corazón de quienes cruzan su camino, abrazando la vida con la ternura de un alma sabia y elocuente.

martes, 21 de abril de 2015

ENTRE LA PROSPERIDAD, EL ÉXITO Y LA LUZ.


ENTRE 
LA PROSPERIDAD,
EL ÉXITO
Y LA LUZ.



ESNIC FOUAR








PROLOGO

Con alguna frecuencia sacrificamos lo que tenemos cerca para llegar lejos. Si gozamos de lo que tenemos cerca, dándole un sentido a nuestra vida y, si activamos nuestro propio hacer, estaremos más que lejos.

Regálese un espacio y disfrute de éstas tres bienaventuranzas: La prosperidad, el éxito y la luz,  y saboree  EL DISFRUTARLO Y NO CONTARLO.






LA PROSPERIDAD


¿Sabe usted lo que quiere, cuál es su cotidianidad, hacia dónde va, y qué es lo que persigue?

¿Está usted comprometido con su propio sueño, o está encargándose, para ser feliz, de los demás?

Sí; nos hemos ocupado de los demás;  de nuestros seres queridos, de nuestros amigos, compañeros de trabajo o de estudio, amigos y hasta de nuestros enemigos; en fin, de personas que de una u otra manera, se han acercado  o han tocado nuestra vida, pero a veces no nos aplicamos en nosotros mismos.

Su nuevo rol, es trabajar para usted mismo, formándose de manera consciente y responsable, siendo dueño de sí mismo y de su destino,  desarrollando sus habilidades intelectuales, financieras y sus   potencialidades  espirituales, que le permitirán, autorregularse con un juicio equilibrado y, asumir su propio proyecto de vida, cuyo resultado no puede ser otro que la prosperidad, desempeñándose además, como un ciudadano participativo y democrático, con sensibilidad y compromiso comunitario.

Es necesario preguntarnos por la vida: ¿Qué es  la vida? Es nuestra propia existencia, nuestra mismidad, nuestra subjetividad, que sólo adquiere relevancia cuando damos y recibimos amor.

La muerte por su parte, es un hecho cierto, que nos acompaña mientras pasamos por la vida.

 No por ello vamos a navegar en  vida  por la muerte, supliendo pírricamente nuestras satisfacciones básicas, evadiendo la responsabilidad que tenemos  de estar en paz con nosotros mismos, con nuestros congéneres y en armonía con el mundo y con el infinito.

Usted contempla la vida porque está vivo; naciendo  y muriendo en cada instante en ese vehículo que llamamos cuerpo, sin el cual, para usted, su alma,  su vida y el mundo, no existen.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        
Se nace y se muere en cada día. Así que cuando vuelva a nacer; mañana, al levantarse busque un sitio donde pueda realizar la siguiente práctica, que lo deberá acompañar por el resto de sus días:

Relaje los hombros y la caja torácica y  mientras cuenta hasta cinco, tome aire y llévelo al estómago y comience a inflar el abdomen; reténgalo hasta que haya contado nuevamente hasta cinco, (o más si usted resiste), seguidamente, lleve el aire hasta la parte superior del pecho,  cuente hasta cinco, exhale el aire por la boca lentamente contando hasta diez. Repita esta operación por un tiempo no mayor a siete minutos y continúe con su rutina diaria, dentro de la cual debe estar su ejercicio físico (caminata, trote, o la que usted practique), por treinta minutos, como mínimo.

Además si le parece bien, cultive las siguientes reglas que formuló para disfrutar de vitalidad, Paracelso:

I.

"Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar, con la mayor frecuencia posible, honda y rítmicamente, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente, en pequeños sorbos, dos litros de agua, comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol y las medicinas, a menos que estuvieres por alguna causa grave sometido a un tratamiento. Bañarte diariamente es un hábito que debes a tu propia dignidad.



II.

"Desterrar ABSOLUTAMENTE de tu ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio o tristeza, huir como de la peste. Toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas o vulgares e inferiores por naturaleza, bajos de entendimiento o por los tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de ésta regla es de importancia DECISIVA: se trata de cambiar tu destino, pues éste depende de tus actos y pensamientos. EL AZAR NO EXISTE.

III.

"Haz todo bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo.
IV.

"Hay que olvidar toda ofensa, más aún esfuérzate por pensar bien de tu mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe jamás ser profanado por el odio.

V.

"Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible, con los ojos medio entornados y NO PENSAR EN NADA. Esto fortifica enérgicamente el cerebro, y el espíritu y te pondrás en contacto con las buenas influencias. En este estado de recogimiento y de silencio suelen ocurrírsenos ideas suceptibles de cambiar toda una existencia. Con el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiará en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el DAIMON de que habla Sócrates. Todos los grandes espíritus se han dejado guiar por esa suave voz interior. Pero no te hablará así de pronto, tienes que prepararte por un tiempo, destruir las capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es Divino y Perfecto en sí, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarte. La carne es flaca.

VI

"Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerte, como si hubieras hecho un juramento solemne, de referir a los demás, aún a tus más íntimos, todo cuanto pienses, oigas, sepas, sospeches, aprendas o descubras. Por un largo tiempo al menos debes ser como CASA TAPIADA o JARDÍN SELLADO. Es regla de suma importancia.

VII

"Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás  te creas solo, ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas tu espíritu, no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a TI MISMO. El miedo y la desconfianza en el futuro son madre funesta de todos los fracasos, atraen las malas influencias y con ellas el desastre. Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, verás que intuitivamente, observan gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el sentido recto, pero poseen muchas de las virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha, puede ser uno de los factores que a ella conducen, para ejercer grandes nobles obras: pero la dicha más duradera solo se consigue por otros caminos: allí donde nunca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es egoísmo. Jamás te quejes de nada. Domina tus sentidos: huye tanto de la humildad como de la vanidad porque son funestas para el éxito. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que como si dijéramos: pecado mortal contra el espíritu santo. Muchos seres han sido despeñados de las más encumbradas cimas por la vanidad".   

La prosperidad, como nuestra existencia, es personal; usted es actor en su propio proyecto, nadie más, es tan subjetiva, que "los demás", no pueden vivir la vida por nosotros. 

Y para disfrutar de ella, es fundamental que nuestro estado de ánimo consulte, con la realidad, con nuestro fuero interno y con nuestras habilidades y limitaciones, con nuestro ideal, precisando dónde y cuando queremos triunfar.

Todo se resume en prosperidad personal. Con seguridad usted se ejercitará diariamente con la rutina matinal de la cual ya hablamos; llevará un control diario de su actividad personal,  para evitar la dispersión y las tentaciones que lo alejaran de su ruta y le hacen olvidar su brújula.

Usted está estructurando su vida a partir del momento en que decidió encargarse de sí mismo, con el esfuerzo, exigencia y las renuncias que ello implica.

 A todos nos ha llamado la atención, por lo enigmático, las sociedades secretas. Bien; acaba usted de ingresar a una Sociedad Secreta. Ésta ultra secreta sociedad está conformada por su fuero interno y por lo que usted muestra y es para el mundo.

 Es menester y definitivo que usted oculte el nacimiento y el curso de su nueva vida. Si usted hace comentarios al respecto, así sea la persona más querida, ése congénere tendrá un puñado de razones para mostrarle que lo que usted  está haciendo es cosa de locos o que no es más que una buena intención  similar a una de esas de  las que se toman en año nuevo, con las ya consabidas resultantes.

Alimente en secreto sus planes; hay matadores de proyectos que le dan los argumentos para justificar el pacifismo de sus planes, y peor aún; cuando  en confidencia  les expone el proyecto que usted concibió y deja pasar un tiempo sin entrar en acción; cuando se reencuentre con esa persona a quien usted irresponsablemente hizo sus comentarios, o le confió sus sueños, se sorprenda al enterarse de viva voz que, éste hospedó sus proyectos y los erigió con éxito, mientras que usted  probablemente continúa, todavía, si es que no ha claudicado, en estudio de viabilidad y factibilidad de esa empresa que, después de haber oído lo que oyó, y dándoselas de digno, ya no tendrá.

Guardar su propio secreto no es esconderlo; es no revelarlo y si lo descubren negarlo.

Es mejor que sus semejantes noten el cambio sobre la marcha; que usted reside en el presente siendo lo que ahora  es y lo que será en el futuro, adherido a lo real, sin perderse a sí mismo y sin que sus ilusiones estén puestas en el ayer.

Sin embargo usted continuará con su boca cerrada y actuando decididamente en la realización de su tarea personal y en la consecución de su fortuna.

Usted no opera como los demás, por eso le preguntarán a qué debe su evolución, y más aún cuando no haga lo que ellos aspiran o decreten que  haga; entonces persuádalos, que por cosas del azar le está yendo bien, que las cosas se le han venido dando, así porque sí.

 Mantenga una personalidad equilibrada, no caiga en la codicia; pero si esto pasa, escóndala, al igual que se encubre la inteligencia y el poder.

El poder se usa y se detenta, no se predica y ni se ufana.

No  haga alarde de su inteligencia; puede acaecer que, como muchos tienen miedo de competir con ella, es seguro que  se empeñaran en hacerlo ver raro y estúpido.

Todos los humanos queremos que nos ocurran cosas buenas, pero hay que provocarlas, y eso es una tarea subjetiva y personal como ya dijimos; donde  se tendrá, para su consecución, que invadir la órbita de  nuestra propia cuenta y riesgo; riesgo a equivocarnos, pero que corremos con valor corporal y fortaleza de ánimo, antes que allanarnos a la masa y al no actuar.

Por el contrario, estudie muy de cerca cómo disfrutan de  la vida las personas que ya están dónde usted pretende estar, ¿así le gustaría  verse o sentirse? ¿Es esa la imagen de sí mismo que usted quiere proyectar?

 No comente que usted se dirige a buen puerto, porque es probable que encuentre alguien que hará todo lo posible para hacerle abortar su sueño; esa persona  no querrá que usted se encumbre y lo supere.

No muestre su ruta, pero si rodando se topa con un consorte, comparta con él su camino hasta dónde a usted le sirva,  vaya usted a saber si no se necesitan mutuamente, para vencer los sucesos que les son adversos y que les impiden llegar a  buen destino. 

Quítese las rodilleras, levante la cabeza, enderece su figura y siga su faro, pero no muestre su objetivo; sea disimulado y logrará su cometido.

Déjese ayudar, no esclavizar. No emule, porque de pronto es otro su camino; acepte nuevas ideas y  siga su sentido común.

No pierda tiempo pensando en cómo destronar a otro; admírelo y respételo, porque ya se ha situado donde usted quiere estar; más bien, incremente la creencia en sí mismo para mejorar cada día y alcanzar un nivel más destacado que el día anterior; Es probable que usted vaya más allá de donde se imaginó que podría estar; Usted es una persona capaz de salir adelante y se encuentra en curso, pero busque modelos, analícelos y adáptelos a sus necesidades.  


Deserte de la penitenciaría que obstaculiza su camino, y que nada ni nadie detenga el curso de su prosperidad. No se inmovilice. Por fortuna siempre hay obstáculos qué vencer; estos hacen grande y digna la victoria y sin adversario no podemos mostrar de lo que somos capaces.

Tampoco se preocupe porque las personas, aparentemente, no adviertan su cambio. Es cuestión de tiempo; cuando haga cumbre, a usted le hablará su propio poder, su prestigio, su esfera de influencia, su riqueza espiritual, su hacienda y su popularidad. Entonces todos lo verán y querrán estar cerca de usted, porque el mundo hipócrita y  sus gentes están al lado de los triunfadores.

Sea pragmático y decidido y tenga en cuenta que olvidar es tan importante como recordar y que descender es tan valioso como ascender; pero, evite la caída libre; baje  a su propio ritmo y cuando esté a nivel, escale otra montaña con la cumbre que usted elija de la cordillera.

En todo caso, que ésta sociedad secreta le ayude a desarrollar conductas socialmente aceptables. Permanezca centrado y equilibrado,  consultando de vez en cuando su brújula o su estrella en su interioridad.

No olvide su disciplina matutina, sus ritos, himnos y oraciones diarias.

 Cuando ore pidiendo ayuda,  dígase a sí mismo qué esta usted dispuesto a dar o hacer para conseguirlo y la ofrenda que dará una vez esté allí.

 Nadie recibe algo porque sí. Recuerde siempre la ley de la cosecha y  "tenga  en cuenta que Dios no suplanta al hombre, es decir, no hace por el hombre lo que este puede y debe hacer".

Usted es hermético pero no aislado.

 Debe usted ser agradable a los demás y si quiere que se interesen en usted,  aplauda  sinceramente sus planes; por lo menos escúchelos con atención y muéstreles ese interés espontaneo que da confianza y seguridad.

 Muérdase la lengua hasta que le sangre, si es preciso, pero no revele sus planes, porque cuando los charlatanes se explayan en lo que han sido y van a ser, también uno quiere hacerse notar, y es cuando descubre sus ocultas intenciones y proyectos.

 Más bien formúleles preguntas como: ¿Qué haría usted para llegar a… ó cómo lo haría?   De pronto dicen algo que a usted le va a beneficiar. Hay mucha gente con muy buenas ideas, pero pocos hacedores. La acción. Siempre la acción.

Entre otras cosas, lleve consigo una pequeña libreta de apuntes y algo con qué escribir. Tome nota de sus ideas, de sus proyectos y del avance de sus planes, y por supuesto de las ideas de los demás que usted puede desarrollar; vénzalos en su propio juego.

 Allí también, en su libreta de notas, registrará usted asuntos de diferente índole; sus deseos y sus angustias y, reflexione con frecuencia sobre sus estados de ánimo, y busque el arrojo que precise para la consecución de sus logros.

Maneje una buena dosis de optimismo y no se lapide por sus tropiezos y por sus defectos.

El pesimismo  a veces nos toca en plena lucha por el no logro inmediato  de nuestros objetivos y, entonces exhaustos, renunciamos a la línea de llegada porque no la divisamos; pero nuestro  tesón y la inamovible resolución de alcanzar la punta, curarán nuestras debilidades, y nuestro hálito y nuestro andar, serán, no solamente nuestro horizonte, sino los pasos sobre el camino.  

Cierto es que, usted integra nuestra sociedad secreta, donde se es hermético respecto de nuestros planes y de la realización de los mismos.

En este punto, es bueno sellar de alguna manera ésta decisión de cambio. Podría usted contemplar la posibilidad de adquirir una argolla y portarla, para que de instante en instante usted  recuerde, el encuentro con su   bienaventuranza.

 Ya usted decidirá qué se le ocurre; pero de todas maneras, debe ser un objeto que pueda llevar consigo, (reloj, brújula, cadena, escudo, etc.) y que pueda observar o sentir con regularidad durante el día.  

No olvide que la comunicación es de vital importancia para nuestra realización. 

Hablar es un placer. Usted revela, de dónde viene, dónde está y a dónde se dirige, por los argumentos que esgrime, señales, silbidos y gestos o el tipo de lenguaje que usted utiliza.

Para el desarrollo de su vida social, laboral y personal debe usted aprender a hablar bien; de modo coherente, conciso y convincente, toda vez que trasmitir nuestras ideas, persuadir a otras personas, motivar a los empleados, son actividades que dependen de nuestra expresión oral.

Hablando es que podemos transmitir nuestros pensamientos y nuestros sentimientos y disfrutar del conocimiento de nosotros mismos.

 Cuando recibimos las respuestas de quienes comparten nuestro entorno, descubrimos nuestra identidad y entonces desarrollamos nuestros talentos, que con seguridad nos llevarán donde hemos querido ir.

El lenguaje es un poder mágico; usted pone en la mente de los demás y en la suya propia, lo que quiera. Usted logra hacer cambiar a alguien y así mismo, con lo que dice y como lo dice, dependiendo de las imágenes con que trasmita su mágico propósito.

Otra manera efectiva de comunicarse, con usted mismo y con los demás, es con su lenguaje corporal y con su presentación personal; debe  estar acorde con lo que ya es o se ha propuesto ser; a quien primero tiene que convencer de su evolución es a usted mismo;  ya los demás se le sumarán.

 






EL EXITO


No vamos a hablar de fórmulas mágicas para alcanzar el éxito. A la altura de éste escrito, usted ya, o bien lo ha logrado y no lo ha notado o está avanzando eficazmente hacia él.

 Éxito tiene, entre otros, los siguientes sinónimos: resultado, triunfo, victoria, logro, conclusión, terminación, lucimiento, auge, gloria, honor, renombre, notoriedad, laurel, trofeo, premio,  fin, acierto, ventaja, y muchos más.

La definición de éxito, depende de cada cual respecto de su  particular condición, porque no siempre hay coincidencia en la apreciación de ésta palabra que todos queremos pronunciar, vivir y hacer notar; Eso sí, cuando usted no se crea necesidades ni permite que se las creen los demás.

Ahora un paréntesis: El éxito no es una meta en sí, es todo un proceso que se desarrolla  en el tiempo y en el espacio; no otro que en el aquí y el ahora, porque si miras tu existencia, tu vida; siempre y solo siempre, será un instante que se   conjuga en   pasado, presente y futuro, con la  certeza única de la  realidad de éste preciso instante.

  ¿Acaso puede usted afirmar que ayer hizo tal cosa y que mañana hará tal otra, si usted ya no está en éste mundo? Bueno, usted dirá.

Éxito puede significar:

-          La consecución de riqueza  y poder por medios lícitos y legítimos, en armonía con Dios y con su propia interioridad.

-          Pasar inadvertido en asuntos que así lo requieran, y gozarse la vida con la satisfacción de deseos propios de manera cierta y dentro del límite deseado.

-          Gobernarse a sí mismo  y alcanzar el equilibrio en todos sus actos, en consonancia con sus propios afectos, con un espíritu invencible.


-          No postergar la acción para el cumplimiento de sus metas; Los logros de sus hijos, padres, cónyuges, parientes y amigos.

-          El sobreponerse o curarse de una enfermedad y/o aceptarla con sentido del humor o acompañar a alguien en esas tribulaciones; dedíquese a vivir mientras se muere.

-          Disfrutar y aprender de la crítica, sin disculparse ni dar explicaciones y como consecuencia de ello, estar abierto a los cambios.

-          Puede ser nada de lo anterior; es sencillamente, todo lo que a usted se le ocurra que puede ser ÉXITO; porque, sin dejar de lado la "Ley de los Promedios", también es un estado de ánimo  que atrapa su  razonable ilusión en el disfrute algo o de alguien, del amor, de la cultura, de su empresa o de su posición laboral, del mundo que usted construyó para usted, para los suyos, para la sociedad, la nación y en fin,  para la humanidad.

Como ya se dijo, usted ya  está disfrutando del éxito, porque el éxito no solo es el resultado sino también los actos preparatorios, y consumatorios; lo que significa que ya usted pasó de la decisión a la acción.

Hagamos ahora algunas elucubraciones acerca del éxito cuando la persona ya ha hecho cumbre:

Regularmente, deja de lado a quienes lo han acompañado hasta ahora; cambia su modo de vida y se topa con otro tipo de amigos y, finalmente el precio que pagó por su éxito, más bien se convierte en su propio acreedor.

O, quizá ya haya alcanzado el éxito y no esté satisfecho porque no logra mantenerlo y ahora esté tocando fondo, olvidado por todos aquellos que lo ensalzaron y se beneficiaron de su hacienda y su posición y  por aquellos a quienes usted descuidó por atender a sus emergentes compañías.

También pudo ocurrir, que al disfrutar del éxito a manos llenas, usted también haya dejado sus asuntos espirituales y se haya olvidado de Dios y de usted mismo, y entonces haya  creado según su necesidad su propio Dios y Dios desde entonces haya estado  deshaciéndose en el olvido al que usted lo tiene sometido.

Si le ha ido  mal, es que Dios no ha escuchado sus súplicas, pero si le va bien, es sólo el resultado de sus propios esfuerzos.

A lo mejor, ahora que ha logrado el éxito, esté usted tan asustado con sus logros repentinos, que hace todo lo posible por salir de él, porque, no se preparó para estar ahí; lo usurpó o lo compró, y ahora no pueda arreglárselas por sí mismo  para mantenerlo.

De pronto es más fácil lograr el éxito, que mantenerse en él.

En la consecución del éxito se deben esperar todo tipo de adversidades e inconvenientes; algunas veces, con mucha frecuencia, el éxito llega después de una sucesión de fracasos o dificultades, pero gracias a ellos, las mayores satisfacciones se disfrutan durante los intentos, el camino, el período de aprendizaje y la alegría que se experimenta después de  salvar obstáculos; no obstante, una sucesión de éxitos puede arruinarlo; pero que quede claro que los problemas no son fracasos; gracias a los problemas y a las soluciones que les damos es que podemos ser unas personas de éxito. Qué bueno que la vida sea una constante resolución de problemas.

La historia se encarga de los triunfadores, no de los que perdieron la guerra; pero sin los caídos, no habría  VICTORIA.

Se requiere de valor para consolidarse; hay que pasar, cuando sea necesario, por encima de algo o de alguien, andar por sobre sus hombros o utilizar su ingenio con astucia.

Si no ha logrado su conquista, puede intentarlo otra vez. Vamos, inténtelo las veces que sea necesario y, si no lo logra, ahora si, vuelva su mirada y cuente su historia.

La historia de los caídos es a veces la semilla de los próximos vencedores; entre ellos puede estar usted mismo; es otra forma de trascender.

Pero inténtelo: severo, expedito, con fe y con la permanente acción conducente; sin acción decidida y continua no llegaremos a destino alguno. 

Éxito es también sortear con mesura una circunstancia grave o extrema.

 En tiempos penosos, o cuando  pase por una situación difícil, ya sea económica, laboral, afectiva o del tipo que sea, lo mejor es que se ocupe del asunto y busque personas que realmente puedan ayudarle y, sobre un papel, recoger todas las posibles soluciones que puedan conjurar tal embarazo.

 Pero, tome sus precauciones cuando ventile sus asuntos con personas cercanas o allegadas,  compañeros de trabajo, vecinos, amigos o familiares.

Recuerde que el verdadero amigo lo  acepta a usted, como en realidad usted es; respeta su privacidad, guarda los secretos que usted a él le ha confiado, habla bien de usted y además, el amigo es todo terreno; pero el amigo, así como puede ser su médico del alma, también puede actuar como su verdugo o su mercachifle, cuando usted menos piense. 

 Si se ocupa de  conocer bien a sus amigos y a sus agregados sentimentales, sabrá mucho de sus enemigos y, cuando llegue la hora, si es que debe hacerlo, sabrá vencerlos con sus propias armas y en su propio juego.

No es aconsejable, que éstas personas se percaten de tal o cual     situación. Cuando acuda a ellos, si es que lo hace, hágales creer que usted está muy bien. Propóngales un negocio en donde usted todo el tiempo hable de la conveniencia que para ellos significa el asunto que usted les está planteando.

 Muéstreles la rentabilidad y las ganancias que pueden obtener con el negocio que usted les está planteando, eso sí, convénzalos que usted solo quiere que ellos acrecenten su hacienda.

No diga que usted está necesitando una ayuda inminente. No espere que ellos le den "Limosna".

No reciba obsequios y menos en dinero (usted podría acostumbrarse y ellos cuando quieran podrían enrrostrarselo).

 Déjese ayudar, pero, fíjese que usted puede con esa ayuda salir adelante y quedar libre de todo compromiso; porque usted devolverá esa ayuda con todos sus réditos. Así, esa persona no sólo querrá seguir haciendo negocios con usted, sino que le estará muy agradecida.

  Guarde siempre las apariencias. Sea digno de sí mismo y camine siempre con su frente en alto, actúe; No postergue la acción. Una cosa lleva a la otra y es seguro que habrá una solución que supere ese evento.

 No actúe desesperado, ni dando "palos de ciego",  hay que buscar; pero hay que saber dónde se busca; "el que busca encuentra".

Si éxito es sobresalir y hacerse notar, también éxito es pasar desapercibido. Hay muchas cosas que sin ocultarlas, podemos tener y disfrutar, sin hacer alardes de ellas. Alardear genera envidias, problemas, secuestros y acciones para despojarnos del solio que   ocupamos.

En tanto que  pasar desapercibido respecto de dónde usted se dirige, sí que es importante. En este caso, usted sabe lo que quiere, se encamina a ello y lo logra. Usted es un agente encubierto de su propia misión. Su sociedad secreta se beneficiará de sus propios buenos oficios.

Éxito es haber encontrado y realizado el encargo que usted recibió de la vida; haberse hecho responsable de sí mismo y desarrollado los talentos depositados en usted para el cumplimiento de su misión, dejando esa huella, que no es otra que, paso y camino a la vez.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

Es verdad que las circunstancias externas tienen que ver con el logro y mantenimiento de nuestros fines; pero no es menos cierto que,  nuestro fuero interno, la tenacidad, la ejecución, el realce y la evolución; son los pilares de nuestro éxito.

Debemos entender el comportamiento de la gente que nos rodea, pero no esperemos  toda su comprensión; con regularidad, quienes triunfan tienen que ir en contra de muchas personas (nuevas teorías, nuevos paradigmas y quizá de la misma ciencia),  quienes después de nuestros logros, nos ofrecen el tan merecido reconocimiento, admitiendo  que teníamos razón.

  Es que, cuando la persona está empeñada en una causa, y a pasado a la acción; así como hay personas interesadas en que usted no logre sus metas, hay otras que le abren paso, cuando usted emite las  señales inequívocas que lo llevarán al éxito.

De ahí, que personas con escasos conocimientos académicos, pero que actúan con objetivos precisos, logran grandes cosas y tienen a su disposición a los más cotizados entendimientos.


Éxito no es seguir, por tanto, tal o cual camino, es salir y encontrar el propio; es un estado enérgico, cierto y permanente de sí mismo, que permite, dependiendo de las precisas capacidades de cada cual, y respecto de los demás, mantenerse  en buen destino en esa gratificante e interminable lucha por la vida.






LA LUZ


¿Qué es la luz? La luz es la manifestación de su vigor en su cuerpo y espíritu. Usted es para usted mismo, su única lumbre; ¡cera y candil! , ó es que, acaso, ¿usted es parte de las tinieblas donde otros brillan? No. Usted es de aquellos creativos que actúan,  dominan y gobiernan, con caudales de opulencia, renombre, honores y reconocimiento público.

Además de peculio, ya usted esta en el camino de las oportunidades de desarrollo y crecimiento profesional y personal.

  Siempre hay más ratas que gatos, menos arañas y más moscas. ¿Dónde se ve usted? ¿Pasa su vida protegiéndose de las  tejedoras o esperando que ellas inmisericordes lo atrapen para su alimento? No, usted  es bélico y redero.

Con dominio propio y paz interior, atrévase a ser próspero, amado y rico.

Usted es su mejor compañía. Su mejor amigo. Usted es la primera persona a quien usted debe afecto.

 ¡Usted mismo, es su mayor responsabilidad!. Claro, no estamos solos en el mundo; somos un ser social y por tanto debemos ser sociables.

Debemos amar a nuestro prójimo; pero si usted no se ama, ¿cómo espera que los demás lo amen?

 Si ama, entregue lo suyo, lo otro es responsabilidad de cada cual, al fin y al cabo cada uno recibe de lo que da.   

 Usted en  su trasegar por esta vida no está purgando ninguna culpa, y no es seguro que después de  ésta vida tenga otra vida en el mismo cuerpo. (No estoy afirmando que haya o no, otra vida para cada uno de nosotros, en éste mundo), lo cierto es que no habitará usted el mismo cuerpo, ni estará acompañado por las mismas personas, ni permanecerá en los mismos lugares; Otros serán sus padres y sus hermanos, su cónyuge y sus hijos, sus amigos y sus seres queridos. No podrá mostrarles lo bueno o malo que usted fue en su vida anterior y lo que usted hace ahora para expiar sus malas acciones.

 Si cruza el umbral y aborda otra vida; pues viva y disfrute esa otra vida, pero, reitero, es "otra vida" y no ésta. ¿Por qué no encargarse de esta vida y de este cuerpo que es lo que ahora tiene? Cada día trae su afán, reza el refrán.

Si quiere otra vida en su mismo cuerpo, en este mundo y, que usted pueda ver y notar, pues cambie; haga otra vida y disfrútela, tiene usted derecho a esperar más de usted mismo y de la vida.

Encuentre la montaña y encamínese a la cima; pero recuerde lo que ya dijimos, que  escalar es tan importante como descender. Las escaleras cumplen esa doble función.    ¡Utilícelas!, y cuando HAGA CUMBRE, evite así, la caída libre y haga uso de buen retiro.

A propósito de buen retiro, ¿cómo están sus relaciones con el sumo creador? ¿Qué lenguaje utiliza usted con Dios? Aquí si es válido ser el instrumento donde brille esa única luz.

Su rostro es un monitor que revela al mundo su introspección.

Para que otros no vean o lean lo que ocurre en su interior, si así usted lo desea,  actúe  con sangre fría.

La sangre fría es indispensable para la consecución de sus metas. La sangre fría produce excelentes resultados, porque le permite desnudar las ajenas intenciones sin revelar las propias.

Domine sus emociones, no las reprima. Controle la ira, y sus pasos siempre estarán en buen camino.

Déjese llevar por el amor sin descuidar el curso que tome.

 Entréguese con todo a su pasión cuando en ella esté; ese es su mundo, la vida su eternidad.

El afecto es su gratificación, la alegría de su luz. Disfrute hoy, que está vivo. Goce hoy que tiene consciencia de ello. Diviértase hoy que puede hacerlo. No reprima el placer.

¿Cómo comportarse, en alta soledad? La alta soledad, puede llegar en cualquier época o etapa de su vida.

La soledad no solo hiere, sino que mata, pero, es también la generadora y la cómplice de la creación.

También produce felicidad; porque es en soledad que usted hace uso de sus convicciones y de sus creencias; pero si hay amor, no hay soledad.

La felicidad es una mezcla de alegría y paz interior que se refleja en nuestro estado mental.

 La felicidad se encuentra cuando creamos y materializamos nuestros sueños de acuerdo con nuestras capacidades y comportamientos.

Somos felices cuando podemos observarnos y aprobar lo que hemos, y nos han hecho, como una acción cumplida y/o cuando nos ponemos manos a la obra atendiendo nuestra propia realidad.

 La soledad no es una vida deshojada o marchita; mientras estemos vivos, podemos sacudirnos de ella a nuestro antojo, así como cuando algo o alguien nos causa infelicidad.

Porque, soportarse a sí mismo en soledad y disfrutarse en ella, es el máximo encuentro consigo mismo, comparable con la sublimación del acto carnal.

La soledad no es falta de compañía; es falta de cohesión o de afecto.

 Rara vez se está solo; los recuerdos en imágenes, buenas o malas, nos acompañan.

No recuerde ni proyecte solo lo malo. Cualquier momento vale la pena  disfrutarlo, incluso el dolor. A veces el dolor se supera en soledad.

 Si tenemos derecho a la alegría, ¿porqué no tenemos derecho al dolor?

 Se siente una gran satisfacción cuando se está consciente del dolor y se supera. ( Si hay dolores y soledades que nunca se superan, debemos convivir con ellos, sin que nos generen más daño del que ya causaron. Que convivan con nosotros si es del caso.).

No sé si la palabra soledad viene de sol; tampoco quiero averiguarlo. En cualquier caso, se me antoja que sea así. Y si es así, disfrute de la luz del sol. De la luz de  su propia  soledad; que ella guíe sus actos y lo ilumine en esta senda y las que aborde. La luz que lo acompañará por EL CAMINO, que es su vida y su ser, porque luz eres desde que saliste del vientre materno.

En soledad haga fuego con sus propios huesos; que crezca esa tea en la luz y en las tinieblas, que se mantenga por toda la eternidad e irradie a quienes cobije, y  encegüezca a quienes no  quieran ver. 

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Bogotá D.C. Mayo 6 de 2004
Colombia Sudamérica.