SER ESNICIO
ESNIC FOUAR
Titular de los Derechos de Autor.
En el vasto y profundo océano de la existencia, la esencia misma del ser humano se manifiesta en un acto sublime: la lealtad a uno mismo. Hacer honor a esta verdad íntima significa vivir en una danza constante con la autenticidad, donde cada paso resuena en el eco de nuestra conciencia y se despliega en armonía con el universo. Es en esta travesía cuando alcanzamos la plenitud del ser, una aceptación incondicional de nuestra esencia, un abrazo tierno y sincero hacia nuestro propio espíritu. Y así, es entonces, cuando cada uno de nosotros comienza a actuar bajo principios que iluminan el sendero de la vida.
- **Vivir bajo el imperio de la Ley**, esa ley que trasciende normas y reglas, que se convierte en guía espiritual y moral, susurrando en nuestro interior la importancia de la rectitud y la justicia.
- **Ayudar a otros** con la generosidad de un corazón abierto, pero sin asumir las cargas ajenas que pueden desbordar nuestro ser y perturbar nuestra paz interior.
- **Actuar y vivir bien** al cultivar la honestidad, abrazar la responsabilidad y tejer el compromiso, siempre bajo los parámetros de la moderación y la conveniencia, como un jardín floreciente que respeta sus límites mientras crece hacia el cielo.
- **La independencia económica** se erige como nuestra fiel compañera de viaje, mientras que las deudas personales, como sombras amenazantes, se convierten en enemigos letales que nos anclan al pasado y limitan nuestras alas.
Así, la consagración, la dedicación absoluta a la inmersión en el yo, se presenta como el único deber que nos impone la vida; todo lo demás, en cambio, son meras circunstancias, ebriedades del destino que no deben desviar nuestro rumbo.
Ser ESNICIO implica una existencia en la presencia de SÍ mismo, un profundo conectarse con nuestra esencia interna. Esto nos invita a centrarnos en el núcleo de nuestro ser y a reclamarnos a nosotros mismos con la certeza de que, aunque la vida exterior pueda ser tumultuosa e impredecible, la propiedad de nuestro autocontrol y autogobierno puede brindarnos el placer de vivir plenamente, degustando cada instante de nuestra existencia. Nos abrimos, a su vez, hacia los otros, entrelazándonos con el tejido social que nos rodea, donde cada hilo representa un vínculo nacido de la conexión humana.
Para emprender esta sagrada travesía, se requiere un soporte económico que nos brinde confianza y seguridad, un bastión que nos permita navegar con libertad por la tormentosa mar del mundo exterior. Sin embargo, recordemos que esta independencia es circunstancial, porque el ESNICIO debe salir cada día para cumplir su misión específica, tanto personal como social, enfrentando retos y demandas que la vida le presenta.
En este escenario, su desempeño se entrelaza con la humanidad, y en el campo de la realidad, vive con la observancia de la Ley, honrando sus responsabilidades, como un ciudadano consciente que contribuye al bienestar de todos. Nunca es un solitario; su hermetismo es una elección reflexiva, un manto que envuelve su ser y protege su esencia, sin generar sombras de desconfianza o suspicacia en quienes lo rodean.
Está tejido en el entramado de la familia, la sociedad y el Estado, como un hilo vital que sostiene la estructura del mundo. Actúa con perseverancia y bondad dentro de estos espacios, consciente de su finitud y la naturaleza efímera de la vida. Cada paso que da es un tributo a la existencia, cada acción es su contento, y el desarrollo de su ser es una fortaleza, la manifestación tangible de su espíritu. Así, su vida se convierte en un legado, todo lo que sus congéneres reciben y atesoran, materializado en la obra que deja tras de sí.
Nadie podría extorsionarlo por secretos ocultos; vive en la transparencia y la claridad, ajustándose a su peculio y eludiendo el consumismo innecesario. Está a la vista de todos, pero no se entrega a la vorágine del mundo; lleva una vida sencilla, una disciplina interior que, como un faro, guía sus pasos.
En su práctica, tanto en el pensar como en el actuar, adopta el método más simple, aquel que le asegura el logro de sus metas. Comprende que ha sido plantado en esta tierra por un propósito divino, dotado para enfrentar los desafíos que la vida le presenta. Así, al actuar por sí y para sí, despliega los talentos que posee y cultiva aquellos que aún no ha adquirido, con el fin de realizar su obra y vivir dignamente.
DIOS, en su infinita sabiduría, se halla presente en el corazón del ESNICIO. Y este, a su vez, ensalza tal presencia, asumiendo con valentía su paso en este mundo fugaz. Atiende, con juicio y compasión, sus propias obligaciones y las de su familia, de la sociedad, del Estado y de la humanidad. Jamás atribuye a DIOS las bendiciones ni las desgracias; sabe que el mundo se despliega ante él en toda su complejidad, con leyes naturales y humanas que rigen su andar. Mientras, abraza el libre albedrío, consciente de que la administración de su vida depende de él y de su cuidado por cada vínculo que establece.
Así, al final del sendero, el ESNICIO no solo habita su propia existencia, sino que se convierte en un faro de luz, un testimonio viviente de la profunda interconexión entre ser y espíritu. En su andar, deja huellas imborrables en el corazón de quienes cruzan su camino, abrazando la vida con la ternura de un alma sabia y elocuente.
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